Hace unos días quedé con Hélène, de paso por Barcelona, ya de vuelta del Paraíso. Me trajo unas fotos muy personales, en su línea, de su estancia en Mayotte. Una o unas pocas fotos pueden ser producto de una casualidad afortunada. Pero cuando se van repitiendo y repitiendo, como en su caso, acaban formando un conjunto muy coherente y con una visión de autor. Me refiero a la serie de autoretratos, en la que, aunque muy sutilmente, siempre aparece una parte de ella. Ya la primera vez que salimos juntos a hacer fotos, me llamó la atención sus personales encuadres. (Siempre me sorprende cuando alguien encuadra con su cámara algo que no veo). Mientras yo veía la acción que se desarrollaba ante mi, ella la veía relacionada con los dedos de sus pies.
La otra buena noticia que traía es que, tras meditarlo a fondo, volverá a Barcelona en vez de a París. Algo debe de tener Barcelona a pesar de todo, ¿no os parece?



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