
Un viaje fotográfico es siempre una incógnita. Te puede salir todo de cara o todo de cruz. A veces te alojas en sitios maravillosos y otros en sitios infectos. De hecho es un componente de todo viaje y mis reflexiones se asemejan mucho a las de Paco Nadal en su post La suerte del viajero. Pero para mi lo fundamental es que pueda hacer buenas fotografías. Si me alojo y como en lugares de lujo, pero no puedo hacer las fotos que quiero, el viaje es un desastre. En cambio, a veces he dormido en cualquier sitio y malcomido, o no he comido nada durante largos períodos de tiempo, pero si he hecho buenas fotos no me importa , el resultado final es mucho mejor que en el caso anterior.
A veces te alojas y comes en sitios increíbles y puedes hacer buenas fotos: es la cara de los viajes. Karkloof Spa es uno de ellos.

A veces te alojas y comes en sitios increíbles y puedes hacer buenas fotos: es la cara de los viajes. Karkloof Spa es uno de ellos.

El enclave prima por encima de todo. Para mí un hotel de cinco estrellas en medio de una ciudad no puede competir con un sencillo alojamiento en un paraje natural maravilloso.
Pocos lugares he conocido en mi larga vida de viajero como el Karkloof Spa, en un precioso valle repleto de animales salvajes, en la región de KwaZulu-Natal en Sudáfrica.

Pocos lugares he conocido en mi larga vida de viajero como el Karkloof Spa, en un precioso valle repleto de animales salvajes, en la región de KwaZulu-Natal en Sudáfrica.

Esta era la terraza de mi habitación. Había de cerrar la puerta al marcharme para que no entraran los monos y, a veces, veía impalas y jabalíes verrugosos acercarse a beber al pequeño estanque.




Mi habitación era la de las aves rapaces; no habrían podido asignarme nada mejor. El baño, más grande que el salón de mi piso. Por la noche, en el comedor, el chef nos recitaba las posibles elecciones entre los diferentes y exquisitos platos que había preparado.


El spa era alucinante, masajes incluidos. La piscina era también un jacuzzi de agua caliente. Fueron dos días de absoluto relax, aunque pude tomar muchas fotos de fauna salvaje en medio de un viaje muy denso y repleto de madrugones.




El spa era alucinante, masajes incluidos. La piscina era también un jacuzzi de agua caliente. Fueron dos días de absoluto relax, aunque pude tomar muchas fotos de fauna salvaje en medio de un viaje muy denso y repleto de madrugones.


Si todo el viaje hubiera sido así habría estado muy bien como vacaciones de lujo, pero no como trabajo fotográfico. Por suerte, conocía a la organizadora, Elena Solinis, que sabe muy bien (no pasa con todo el mundo) que lo primordial es facilitar la labor de periodistas y fotógrafos y en este viaje he podido acceder a todas las realidades de Sudáfrica, desde los lugares más lujosos hasta los más humildes en aldeas zulúes o en pleno corazón de Soweto, por ejemplo.
Esta sería la cara; en un próximo post os enseñaré la cruz.
Esta sería la cara; en un próximo post os enseñaré la cruz.
Excepto la foto del impala, todas las otras han sido tomadas con una Nikon D700 y un 0bjetivo Nikkor 20 mm f:2,8.
A
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