LEICA M2 35 mm F:1,4 SUMMILUXA principios de los años 70 me compré una Leica M4 y dos ópticas, un 35 mm f: 2 Summicrom y un 90 mm f: 2,8 Elmarit. Con ella fotografié algunas de las revueltas estudiantiles en la última etapa del franquismo, como una nocturna en Travesera de Gracia que terminó con el lanzamiento de cócteles molotov. Al acabar me topé con un coche policial del 091 y un par de agentes me persiguieron a la carrera por las estrechas calles de Gracia. Oí un par de disparos, pero no me giré para comprobar si eran al aire o al cuerpo. En aquella época jugaba de extremo derecha en el equipo de fútbol de la Escuela de Periodismo y era muy, pero que muy, rápido. No me cogieron.

En el verano de 1973 también me la llevé a Derry, en mi primer viaje al Ulster. Tenía también una Nikkormat, un 35 mm Nikkor f: 2 y un 135 mm f: 2,8 Nikkor. Debía ampliar el equipo (en aquella época con un cuerpo se disparaba blanco y negro y con el otro color) y no podía mantener, y ampliar, a la vez los dos sistemas, así que le vendí el equipo Leica a un amigo estudiante de arquitectura, Miquel Corominas, por 25.000 pesetas. Siempre me arrepentí.

Con el dinero de la venta me compré una Nikon F y con los dos cuerpos fotografié la revolución portuguesa, en color y blanco y negro.
Con el tiempo fui ampliando mi equipo Nikon pero seguí echando de menos la belleza de la Leica, su tacto y el sonido casi imperceptible que hacía al disparar. Era como si hubiera perdido un amor y nunca hubiera podido olvidarlo.
Pasaron unos cuantos años y, al fin, me compré, de segunda mano, una Leica M2 equipada con un 35 mm Summilux f: 1,4. No hice muchas fotos, no es fácil trabajar con Leica, pero era maravilloso volver a sentir su tacto entre mis manos. Nunca más volvería a desprenderme de ella.
Con el tiempo fui ampliando mi equipo Nikon pero seguí echando de menos la belleza de la Leica, su tacto y el sonido casi imperceptible que hacía al disparar. Era como si hubiera perdido un amor y nunca hubiera podido olvidarlo.
Pasaron unos cuantos años y, al fin, me compré, de segunda mano, una Leica M2 equipada con un 35 mm Summilux f: 1,4. No hice muchas fotos, no es fácil trabajar con Leica, pero era maravilloso volver a sentir su tacto entre mis manos. Nunca más volvería a desprenderme de ella.
Con la Leica M2 fotografié el encierro en la mina de Cala, a 1/8 de segundo y a plena apertura.

También retraté con ella, 1/15 f: 2 y Tri X forzado a 6.400 ASA, a la mujer que rebuscaba en las papeleras de la Rambla de Barcelona la madrugada de la noche de Navidad.

Fotografié con ella, en Madrid, la votación en las elecciones generales de 1982 al lado de José Azel y Jean Gaumy de Magnum. Todos utilizábamos réflex pero, además, llevábamos nuestras preciosas Leicas. “Trabajar con Leica es como pescar con mosca” comentó Jean Gaumy que es un fanático de la pesca. Yo no entiendo nada de pesca, pero pensé que debía ser el no va más.

Cada vez que la utilizo pienso que es la cámara que utilizaron también Capa, Cartier-Bresson, William Klein o Robert Frank, y, más cercanos, Xavier Miserachs y Joan Colom.
Lo confieso, Leica es una mujer (lo dice su nombre) y la mayoría de fotógrafos estamos locamente enamorados de ella. Si no, que se lo pregunten a Larry Towell que hasta compuso una canción para ella. Toda una declaración de amor, ¿no?

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